Le Corbusier y Schoenberg no sólo han sido dos figuras fundamentales en la gestación de la vanguardia, sino que,cada uno en su campo, han sido capaces de, superado el período vanguardista, llevar a cabo una producción artística plenamente moderna. De ahí nace el interés en poner juntos a un arquitecto y un músico y así poder descubrir a través de sus obras y escritos la manera en que a principios de los años veinte cuestionaron la práctica artística, colmando así la idea de vanguardia auténtica, para luego comprobar la proximidad de sus planteamientos en la manera de concebir la forma moderna.Antes de seguir adelante conviene puntualizar que el concepto de vanguardia histórica que aquí se asume se distancia del de aquel que los historiadores generalmente utilizan para abordar el fenómeno de la Vanguardia y corresponde a la noción restrictiva del término que el profesor H. Piñón define en su libro Arquitectura de las Neovanguardias (1) y desarrolla en Perfiles Encontrados (2). La Vanguardia, en su opinión, es un fenómeno artístico singular que se produjo entre los años 1914 y 1923, y que, si bien en sus inicios se caracteriza por su aspecto crítico, adquiere el carácter de vanguardia plena con el propósito de construir un nuevo sistema estético.