El pasado mes de febrero se inauguró la Opera de Guangzhou, de Zaha Hadid con Patrick Schumacher.Situada en la orilla del Pearl River, esta inmensa edificación, ubicada en un área de 70.000 metros cuadrados, de los que el edificio ocupa 42.000 m2, es uno de los edificios singulares del Nuevo Milenio, que confirma a esta ciudad china como uno de los centros neurálgicos de la cultura en el continente asiático. En su interior alberga un auditorio de 1.800 asientos, dotado con las últimas tecnologías acústicas, y un hall multiusos destinado a representaciones de arte, ópera y conciertos con capacidad para 443 personas. Situada junto a un río en una zona estratégica para el desarrollo cultural de Guangzhou, la propuesta pretende armonizar con su entorno, a través de un innovador diseño que sigue el concepto de piedras erosionadas al borde del agua. En este sentido, un volumen de líneas “plegadas” ayuda a definir territorios y zonas dentro del edificio, genera un interior de corte dramático y vacíos exteriores para contener las circulaciones, pasillos y cafeterías, permitiendo además que la luz natural entre profundamente al edificio. Las transiciones suaves entre los elementos dispares y los diferentes niveles mantienen esta analogía con el paisaje. En el interior, en las salas de ensayo, se usaron unidades moldeadas de fibra de vidrio reforzado con yeso (GFRC) para potenciar este lenguaje de fluidez y continuidad.

Su diseño se sitúa en el contexto de las relaciones urbanas, combinando las tradiciones culturales que han marcado la historia de Guangzhou, con la ambición y el optimismo de su futuro, funcionando como catalizador para el desarrollo de infraestructuras culturales en la ciudad, incluyendo nuevos museos y bibliotecas.