A la Casa Gandia Blasco se puede llegar por caminos diferentes.
Comenzar por el relato de los hechos concretos: fechas que han dado un vuelco al destino de la empresa, piezas que han marcado un hito en el hábitat, alfombras que han roto clichés, muebles que han borrado la línea divisoria entre interior y exterior.  Sería un viaje a través de las colecciones, del mobiliario a las alfombras GAN, un repaso a fondo de una pieza a otra, así hasta dar con la chaise-longue más cómoda del catálogo. Extenuados por el largo trayecto, nos tumbaríamos bajo un pino a orillas del Mediterráneo para sentir en la piel la quinta esencia de esta Casa.
O bien dejarnos de tantos rodeos y entrar a la Casa Gandia Blasco sin llamar al timbre, ir directamente a su metabolismo para investigar qué clase de combustible alimenta su motor. ¿Osadía?, ¿idealismo?, ¿convicción?, ¿tozudez? Del capital humano se puede decir que no responde a una plantilla de empleados al uso sino a individualidades que creen en el equipo, probablemente vía afinidades electivas y autoselección.

Más que la coincidencia en una misma empresa lo sorprendente es que comparten la misma visión de la empresa. No es muy normal que estas cosas sucedan pero Gandia Blasco de normal tiene poco. Es una entre un millón. No esperes una casa prefabricada.

ESPACIO REAL Y METÁFORA

Ahora que nos hemos instalado a vivir en la interfaz de los dispositivos móviles conectados a la Red Ilimitada podemos preguntarnos si tiene sentido volver a una escala que podamos tocar con las manos, un territorio al que podamos llamar casa. Un sitio con los olores y rugosidades del mundo real, que integre los
escenarios de la vida en todo su alcance. Un espacio que en vez de fragmentar haga compatibles los vínculos físicos, afectivos, lo funcional y lo laboral. Y donde podamos acaso proyectar también los significados más recónditos del hogar. ¿Estamos dispuestos a trascender asuntos como estilo, decoración o tendencia para profundizar en cómo queremos vivir? ¿Podemos imaginar un concepto de casa – vida donde todo encaje? La Casa Gandia Blasco se presenta como un lugar real y a la vez metafórico. Es una propuesta personal más allá del mobiliario, que abre una reflexión sobre las tramas del vivir y el papel que asume el diseño en la configuración del mundo que habitamos y las relaciones con las personas y objetos. La Casa debe tener en cuenta la reciprocidad entre la esfera de lo privado y lo social, así como la necesidad de afrontar argumentos de peso, identidad, convivencia, cultura, aprendizaje, conocimiento, negocios, realización personal. Por supuesto, esta Casa no está en venta. Es una invitación a replantearnos de arriba abajo el tema y apuntar soluciones que aligeren nuestra existencia y nos faciliten la experiencia de la plenitud y la Belleza. A rebajar siempre estamos a tiempo.


CASA DE LA INSPIRACIÓN. NA XEMENA

¿Hemos mencionado Na Xemena en algún lugar? Probablemente se ha dicho mucho de esta pieza arquitectónica situada en lo alto de un cerro frente al mar,
en la isla de Ibiza. Es la casa de José A. Gandía-Blasco, aunque es más que eso: Na Xemena es la clave para entender esta historia. Hacemos un viaje
iniciático que cierra el círculo de principio a fin. Volvemos al principio. Ocurrió por casualidad, una idea peregrina: construir unos muebles de terraza aprovechando perfiles de aluminio para ventanas. Un invento casi en formato DIY, hágaselo usted mismo, la falta de dinero espolea la imaginación. Corría 1996, la oferta para exterior acababa en el tresillo de mimbre; había que improvisar algo acorde con la rehabilitación de la casa. Aquel experimento acabó con el triple salto mortal sin red de una compañía que de las mantas se aventuró al mobiliario de exterior. La minicolección Na Xemena con el tiempo se convirtió en buque insignia y objeto de culto. El destino siempre encuentra la manera de cumplirse (y sorprendernos).
Esta casa representa la cultura estética, conceptual y espiritual de Gandia Blasco, dejando en el aire reminiscencias del origen, la brisa de un mar atávico cuna de civilizaciones. Una manera personal de entender la mediterraneidad, la comunión con la Naturaleza, la sensorialidad, la luz y un cierto misticismo. Aunque Na Xemena se puede leer como una fábula con lección: sigue tu instinto, hazle caso a tu intuición, cree en tus propios sueños, ellos te guiarán mejor que ninguna brújula. ¿Te ríes? Podemos vivir sin muebles, inclusosin casa. Pero no sin sueños.

CASA DE LA MEMORIA. RECONOCERSE EN EL ESPEJO

¿De qué sirve haber llegado a un centenar de países, tener tiendas y showrooms repartidos por el globo si cuando te miras al espejo no sabes de dónde vienes? Si algo tiene siempre presente Gandia Blasco es su biografía. Se reinventó tras una andadura de cuatro décadas (de principios de los 40 hasta finales de
los 80) en la fabricación y exportación de mantas de calidad. Con este bagaje le dio una vuelta de tuerca al negocio sin traicionar sus raíces.
La apuesta en aquel momento era de alto riesgo: diseño contemporáneo.
Fiel a su origen, creó líneas de textiles para el hogar, incorporando el mundo de la alfombra. El énfasis lo puso en la búsqueda de un lenguaje nuevo y
personal mediante el buen diseño.
A mediados de los 90 la empresa Gandia Blasco debutó por sorpresa en el ámbito del mobiliario de exterior con Na Xemena, una pequeña colección que dejó estupefactos a todos. ¡Nadie la entendió! Pero era cuestión de insistir, insistir.
Sigamos ahora con el tema de la memoria y una de las maneras más inteligentes de preservarla: la arquitectura. El edificio sede de Gandia Blasco habla de eso, de expresar los valores mediante la arquitectura. Pero sobre todo habla de la capacidad de detectar esos valores, recuperarlos y potenciarlos.
No basta con mirar, hay que saber ver. Y actuar bien. Iniciada su construcción en 1941, en pleno núcleo urbano de Ontinyent, este edificio era percibido –si lo eracomo el intento de un discípulo del racionalismo de dejar una pieza con carácter en la escuálida arquitectura española de la posguerra. Con la
rehabilitación se han puesto alas y pautas de poema visual a una misma ventana que, antes de esta intervención, se repetía sin la menor chispa a lo largo y alto de la fachada.
Ahora en cambio excita la curiosidad: algo se está cociendo dentro de la Casa…
La simple decisión de ampliar los lados del rectángulo ha reconducido el guión al argumento esencial en la arquitectura, el juego de la luz. La luz es también el pilar sobre el que descansan las narrativas de Gandia Blasco: espacios luminosos y fluidos, líneas esenciales, con alegría, sin severidad. ¿No es precisamente esta concepción vitalista del diseño, y esta manera indolente y risueña de entender la belleza lo que ha hecho de esta marca una de las favoritas en la escena internacional? Pero cuidado, llegar a la simplicidad no es tan simple como pueda parecer. No vale ser simplones.

DIME CÓMO ES TU JEFE Y TE DIRÉ QUÉ EMPRESA ERES
“Pasa, te enseñaré el edificio”, invita José A. Gandía-Blasco, presidente de la compañía. Él es el nexo, hilo conductor entre pasado, presente y futuro. Es un espíritu libre e inquieto.
Un buscador nato, un diseñador de productos y un dibujante de caminos nuevos. Y mejor todavía, nunca da órdenes: “confío plenamente en mi equipo”, afirma. Su estilo de mando es doblemente eficaz, se basa en la confianza en el otro. Seguramente por eso nunca ejerció de abogado tras estudiar la carrera de Derecho. A “José” aquí se le tiene como uno más del equipo. Es una figura que estimula y aglutina, un creativo a su bola, en el fondo. Ahora está ilusionado con
las posibilidades de la Casa Gandia Blasco (que, por cierto, contiene en su interior su propia vivienda, unos argumentos dentro de otros a modo de capas de la cebolla).
Él es quien nos conduce hasta las tripas de este monstruo dormido hasta hace poco, con más de 6.000 metros cuadrados (cuatro plantas, sótano, semisótano y patio) que ocupa una céntrica manzana en la ciudad. Durante medio siglo el
tiempo se ha parado en algunas de las destartaladas naves. Con la rehabilitación La Casa estará lista para contar relatos nuevos. “En estas salas estaban las máquinas”, -dice-, “y en aquellas se almacenaban las mantas, se requería mucho espacio”.

CASA DE LA IDENTIDAD TEXTIL. LA INTELIGENCIA TÁCTIL
Mientras recuerda esto, una delgada hebra de sol se cuela mágicamente en la penumbra de la estancia. No estamos solos, millones de motas de polvo flotando en la inmensidad del tiempo hablan en silencio.
Comprendes entonces que la seriedad de una empresa se mide también por el respeto que muestra hacia su pasado. Los catálogos no suelen recoger instantes así. Quienes han nacido en estas tierras reconocen los olores del procesado de la lana, el algodón, el trapo, los tintes, las montañas y los ríos serviciales cerca.
Desde la Edad Media, mucho antes, el alma de esta comarca es textil hasta la médula. O lo era. Lo que queda de eso Gandia Blasco lo protege y estimula.
Sin esnobismo, como la cosa más natural. Vivir con la música de los telares como estribillo de infancia te educa sentimentalmente. La familiaridad con las texturas y materias ha desarrollado en Gandia Blasco una inteligencia táctil muy fina. Además, esta empresa sabe reconocer a un buen artesano a la legua. Todo se produce sin salir de casa; la calidad, como la nobleza, obliga. Gracias a esta lógica, el diseño suma categorías de autenticidad y honestidad por lo que supone de apoyo y compromiso con la industria y economía de la zona. La apuesta de Gandia Blasco por la sostenibilidad y lo local viene de lejos, está en su ADN.

CASA DEL CONOCIMIENTO COMPARTIDO. ALIMENTAR EL MOTOR
Nos sacudimos la pelusa de otro tiempo adherida al jersey y, de camino al patio, José A. Gandía- Blasco comenta con ilusión el Proyecto. Ha llegado el momento de que la Casa –lugar real y metáforasea la expresión física y simbólica
de los principios que han dado vida y seguirán impulsando la marca. La marca es la Casa. Y eso implica creatividad, movilidad, interrelación, cruce, inventiva, transparencia. Hacer visibles los valores que hay dentro, alimentar el motor.
El espacio de oficinas y administración se reubica ahora en una amplia sección de la planta primera, mientras la tercera y la cuarta incorporan nuevas tramas orientadas al intercambio de conocimiento, la investigación y el debate. Encuentros, talleres, exposiciones y workshops conformarán un programa que tiene por objetivo la unión de las ideas con la praxis. No bastan las intuiciones, hay que saber darles contenido y forma, elegir el material y la tecnología, producir el objeto y, por último, saber comunicar  valor distintivo y único en un mundo supercompetitivo a escala global.
Esta iniciativa refuerza la contribución de Gandia Blasco en la creación de nuevas dinámicas industriales, a la vez que impulsa sinergias entre el sector empresarial y productivo, el ámbito de la enseñanza y el mundo de la cultura y las artes. El apoyo al talento emergente -de la mano del Concurso Gandia Blasco- se completa con una propuesta de
carácter multidisciplinar. La Casa del Conocimiento es una manera de entender el diseño y trasladarlo a todas las facetas de la vida cotidiana.

CASA DEL DISEÑO. MAPAS CRUZADOS DE INDOOR, PASSDOOR, OUTDOOR
Unifamiliares, prefabricadas, adosadas, desmontables… nos saltamos estereotipos, rigideces y dogmas sobre la casa. Ahora no es momento para una mudanza o un cambio de mobiliario sino para un cambio de perspectiva. En las arenas de este principio de siglo movedizo, ¿es posible un concepto lo bastante sólido para que la casa no se venga abajo?
La estrategia conceptual de esta Casa ha sido trasladar el ejercicio de diseño al epicentro mismo del movimiento para conseguir resultados duraderos y estables (no hay que confundir estabilidad con estatismo). Siguiendo esta dinámica identificamos los tres conceptos desarrollados por la Casa Gandia Blasco: Indoor, Passdoor y Outdoor. Es en esta continuidad del espacio donde esta Casa se explica y donde encajan las propuestas de mobiliario. El éxito de una mesa, un banco o una sombrilla abarca más allá del acierto de sus formas. Este sistema de mapas cruzados de la Casa sitúa al diseño ante uno de sus retos más difíciles: ¿dónde acaba la piel interior y comienza la exterior? Tendremos que revisar los criterios y preguntarnos si al salir de nuestro microcosmos lo que hacemos en realidad no es entrar en un cosmos
más amplio, llámese ciudad, campo o Naturaleza. Esta Casa habla de esas relaciones, contextos y de la fluidez de nuestros espacios de vida.
De la imposibilidad de congelar el movimiento y la acción.

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