Después de Aristóteles no se formularon en la Antigüedad (ni mucho tiempo después) planteamientos nuevos de importancia filosófica o metodológica, sólo añadidos y modificaciones.

La controversia creada por la interpretación del pensamiento aristotélico condujo en la Edad Media finalmente a una nueva reflexión sobre la filosofía griega original y a un resurgimiento de la Antigüedad en el Renacimiento. En Europa tuvo lugar un cambio de paradigmas que se tradujo en una nueva actitud frente a la naturaleza y las ciencias, que llegó a marcar profundamente a la civilización occidental.

La unidad de antaño entre hombre y naturaleza se dividió en el mundo interior y exterior, y con la escisión de sujeto/objeto adquirió importancia el factor subjetivo. La cuestión no era tan solo: ¿Qué es el saber? Se consideraba al hombre como sujeto en relación con el mundo y surgían nuevos interrogantes: ¿Cómo puede conocer el hombre el mundo exterior objetivo? ¿Qué hay de verdad en las sensaciones y experiencias empíricas? En la pintura se descubrió la perspectiva, en las obras de arte salieron del anonimato sus artífices. La naturaleza se conquistó y se puso al servicio del hombre.

Galileo Galilei (1564-1642)

Se le considera el fundador de las ciencias naturales modernas. Galilei criticó a Aristóteles por considerar únicamente científico el método deductivo y no acometer por ejemplo el estudio del proceso y su dinámica. Adoptó la inducción como base para sus propias investigaciones pero sin considerarla suficiente. Añadió el experimento como método, y la finalidad de extraer leyes y formularlas.

Rene Descartes (1596-1650)

Es el padre de la filosofía de la Edad Moderna. Su objetivo era desarrollar una ciencia exacta y completa de la naturaleza. Utilizó la duda metódica para la búsqueda de una base segura y clara del conocimiento humano. Partiendo de su famosa afirmación: “Cogito, ergo sum”, “pienso, luego existo”, atribuyó todo conocimiento humano al pensamiento racional.
Descartes abrió el camino del éxito a las matemáticas como método universal. Sostuvo la opinión -al igual que en su geometría analítica- de que todo el contenido del mundo está constituido por elementos simples, comprensibles mediante el intelecto, y expresables en números. Todo hecho complejo debe poder explorarse y entenderse mediante el análisis, la intuición y la deducción, siempre que se descomponga en sus partes y se reduzca a sus elementos básicos. La concepción matemática cartesiana del conocimiento así como su fe ciega en la penetrabilidad racional de todo el ser, le convierten en el patriarca del racionalismo.

Su método de análisis fue empleado explícitamente en la metodología clásica del diseño por Christopher Alexander (véase pág. 163). La comprensión racional de los fenómenos, su descomposición en elementos y su posterior recomposición en un todo se extendió enormemente en el siglo XIX. Giedion (1987) demostró con el ejemplo de la industrialización, cómo toda fábrica acabó convirtiéndose en un organismo que efectúa la descomposición y la unión de forma casi automática. El taylorismo que surgió en aquella época es también un descendiente directo del racionalismo. (En palabras de Frederick W. Taylor, es un sistema científico de gestión de las actividades que tiene como finalidad perfeccionar los medios de producción y el modo de obrar de la empresa. Está caracterizado por la rígida estructuración jerárquica de la empresa, la división del proceso de producción y organización de la empresa en pequeñas operaciones de trabajo claramente definidas, la subordinación de las fuerzas del trabajo y las tareas a desarrollar en base a estudios de movimiento, etc.). Se puede afirmar finalmente, que la historia global de la evolución del diseño ha estado marcada hasta los años setenta del presente siglo por el pensamiento cartesiano.

La concepción cartesiana de la naturaleza se basó en la diferencia fundamental entre pensamiento (objeto pensante) y materia (objeto mensurable) que debían de existir separados e independientes uno del otro. Esta diferenciación, que además ponía al intelecto por encima de todo y por tanto colocaba al sujeto en un primer plano, ha ejercido una influencia importantísima en el pensamiento occidental, y sin embargo ha conducido a una devaluación y con ella a una explotación del entorno natural, a una sobrevaloración del trabajo intelectual respecto al trabajo artesanal, y finalmente también a una separación de las ciencias naturales y las ciencias filosóficas.

Gottfríed Wilhelm Leibniz (1646-1716)

Asumió el intento de crear una ciencia universal (scientia gene- ralis) mediante una síntesis de procesos matemáticos y lógicos, en la que pudieran estar representadas todas las verdades en su contexto lógico-natural.

Leibniz, cuyo carácter universal puede compararse al de Aristóteles, orientó sus intereses a todo el espectro de las ciencias:

– desarrolló el sistema binario de numeración, que sirve de base a la moderna tecnología de los ordenadores, y construyó una máquina de calcular para las cuatro operaciones fun-
– fue el primero en intentar formular de un modo consecuente los axiomas de la lógica según las reglas de cálculo de la aritmética, ideando así un lenguaje que es el principio auténtico de la lógica formal moderna;
– en sus disquisiciones fisiológicas y psicológicas hizo diferencia entre conciencia y autoconciencia, entre estímulos subliminales y palmarios, y anticipó la noción del inconsciente.
Para Leibniz el pensamiento científico debía verificarse en una relación recíproca entre “hallazgo” y “demostración”. Por “hallazgo” se entendía investigación, es decir, descubrimiento de lo nuevo. Quiso desarrollar por este motivo un método, un “arte de la invención”. Esta dualidad,
– el “méthode d’inventer”, el método del descubrimiento y
– el “méthode de la certitude”, el método de la certeza y de la demostración, pertenecía al mundo de los símbolos matemáticos puesto que para Leibniz cálculo era el equivalente a pensamiento. Se interesó igualmente por los procedimientos combinatorios e hizo aportaciones importantes para el perfeccionamiento de la lógica matemática. Precisamente estos aspectos fueron el fundamento del trabajo sobre la metodología del diseño en la Escuela Superior de Diseño de Ulm.

Immanuel Kant (1724-1804)

Intentó, como teórico de la noción moderna de ciencia, aclarar la cuestión de qué es el conocimiento humano. Kant reprochó al racionalismo (p.e. Leibniz), así como al empirismo (p.e. Locke), que se apoyaran a la hora de clarificar la eventualidad del conocimiento sólo en el pensamiento puro, o en la pura percepción, respectivamente. Persiguió, como muestra su máxima “El concepto falto de contenido sensible está vacío, la percepción sensible es ciega sin conceptos”, una síntesis de ambos y concluyó que aunque la ciencia en efecto presenta proposiciones generales y necesarias, se debía consultar a la experiencia empírica.

El pensamiento filosófico de Kant está recogido principalmente en sus tres grandes obras, Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica y Crítica del juicio. En el preámbulo a su Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), Kant mostró que en sus tres críticas se manifiesta “sólo una misma razón”, que se distingue meramente en su aplicación.

La noción kantiana de razón es por tanto de gran importancia para el diseño. El filósofo de la Escuela de Frankfurt fried Fiebig (1986), ha revelado, partiendo de este punto, que las fuentes de la imaginación humana nacen de la percepción sensorial y de la comprensión racional. Ambas forman parte de la idea de “unidad de la razón”. A decir verdad, con este concepto queda abolida la separación externa (dualismo) entre sensación y razón, aunque ésta permanece todavía en la dialéctica.

Considerando que sólo en la separación de los conceptos se pueden definir sus diferencias, se da por supuesta una noción común de razón en la unidad de los lenguajes.

Dicho de otra manera, la razón sirve de base al fenómeno del lenguaje. La teoría comunicativa del producto se remite igualmente al debate sobre la noción kantiana de razón. La finalidad del diseño es por lo tanto, el desarrollo de soluciones “razonables”.

Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831)

Hegel describió por primera vez la naturaleza, la historia y el pensamiento como procesos; partía para ello del movimiento, cambio y evolución incesante del mundo natural, histórico e intelectual, e intentaba documentar las conexiones entre movimiento y desarrollo. Friedrich Engels (1820-1895) superó el conocimiento filosófico-natural de Hegel y desarrolló su “dialéctica materialista”. Sus críticas contra éste se centraban sobre todo en la separación de método y objeto. El método dialéctico es, según Engels, un método del objeto, del hecho mismo, por ejemplo de la naturaleza, la historia, el arte, el derecho, etc.

Comprender un hecho tal y como es en realidad significa para Hegel conocer las condiciones necesarias para su nacimiento e historia, así como su forma de proceder y su devenir.

Hegel utilizó un modelo orgánico de pensamiento en su Fenomenología del espíritu para la descripción de la evolución del espíritu. Las fuentes del movimiento debían ser aquellas que representaban una contradicción interna propia de los hechos y conceptos, que Hegel siempre explicó en base a su dialéctica.

Los tres pasos tesis-antítesis-síntesis no eran para él sólo un método, sino que al mismo tiempo eran la historia de las ideas. Ya que en la vida todo se mantiene en movimiento Hegel veía también todo lo presuntamente estático como un momento de este movimiento eterno y abierto. No es pues extraño que este filósofo concibiera asimismo sus ideas de forma dinámica y no estática.

La antítesis se desprende directamente de la tesis, y la síntesis siempre acaba convirtiéndose en una nueva tesis, que a su vez conduce de nuevo a una antítesis y así sucesivamente. Cada tesis, cada idea, se encontraba continuamente en relación con las otras, y sólo se podía explicar, entender y desarrollar mediante el conocimiento de lo universal, es decir de sus diferentes interconexiones. En otras palabras, se trata de una creación continua. Por tanto, la dialéctica constituye en sí misma el método del hecho -tomando como ejemplo la crisis del diseño actual-, y es el único “lugar” donde se puede llegar aun consenso.

Se pueden encontrar estas ideas fundamentales, que también podríamos designar como teoría del consenso, en los diferentes métodos clásicos del diseño. Siegfñed Maser (véase pág. 173) por ejemplo, desarrolló su método cibernético en un sentido hegeliano, y también se podría decir que la “guía universal de viajes” (véase pág. 160) contiene un proceso pro- yectual circular. Esto se corresponde muy bien con los hechos en la práctica: si se concluye un proyecto creativo se cuenta con tantos conocimientos, que se podría hacer del resultado un punto de partida por ejemplo, para un rediseño.

Esta breve relación de algunos aspectos teóricos del conocimiento debe bastar como incursión en la historia de la filosofía. Como dijo en su día Ernst Bloch (1985), no se trata de realizar una historia de la filosofía, sino de abrir la visión del diseño y la teoría del conocimiento mediante una breve sinopsis histórica de esta disciplina.

En el siglo XX las ciencias se especializan cada vez más. De todas las ciencias filosóficas hay dos que han cobrado una importancia especial para el diseño, a las que se debe prestar una atención detallada: la semiótica y la hermenéutica.