En el curso del desarrollo de una teoría del lenguaje del producto, realizada en la Escuela Superior de Diseño de Offenbach en los años setenta, se infirieron, en relación con las leyes de la Gestalt y partiendo de las categorías de orden y complejidad para la labor proyectual: los atributos de orden y complejidad no implican aquí valor alguno. En el diseño a proyectar se ha de optar, en función del sentido del encargo, por una solución de un orden mejor o por una mayor complejidad.

La gran tradición del funcionalismo se basó siempre en un orden preestablecido. Éste provocó una disminución considerable del atractivo desde un punto de vista psicológico y perceptivo, que condujo a un tedio óptico en muchos campos, como la arquitectura, el urbanismo, la comunicación visual o el diseño industrial.

La complejidad pretendida se puede alcanzar utilizando medios creativos variados como materiales, superficies, texturas, estructuras, colores, gráfismos, etc. Un ejemplo significativo en el campo de la arquitectura, fue el diseño de las ventanas del edificio de exposiciones realizado por diversos arquitectos para la Internationale de Bau-Ausstellung (IBA) de Berlín en el año 1987.