Rafael Rodríguez

Sus manos hablan. Nos cuentan muchos años de trabajo duro en el taller familiar de matricería. Hasta que un día se preguntó "¿por qué no?" y nació un futbolín hasta entonces nunca visto. Desde entonces sufre intensos episodios de levitación. Los pies se despegan a menudo de lo convencional. Los ojos se iluminan. Son los clásicos síntomas de quien pasa hambre. De quien necesita saciar su apetito creativo. Como él mismo señala, "la creatividad no es un ejercicio con sede en el cerebro. Es una sensación con epicentro en el estómago"

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